22 febrero 2012

Algo no anda bien

Yo tenía 16 años y estaba viviendo con mis padres en el instituto que mi abuelo había fundado a 18 millas en las afueras de la ciudad de Durban, en Sudáfrica, en medio de plantaciones de azúcar. Estábamos bien dentro del país y no teníamos vecinos, así que a mis dos hermanas y a mí siempre nos entusiasmaba el poder ir a la ciudad a visitar amigos o ir al cine. Un día mi padre me pidió que le llevara a la ciudad para atender una conferencia que duraba el día entero y yo salté a la oportunidad. Como iba a la ciudad, mi madre me dio una lista de cosas del supermercado que necesitaba y, como iba a pasar todo el día en la ciudad, mi padre me pidió que me hiciera cargo de algunas cosas pendientes como llevar el auto al taller. Cuando despedí a mi padre él me dijo: "Nos vemos aquí a las 5:00 p.m. para irnos a casa”. Después de completar todos los encargos, rápidamente, me fui hasta el cine más cercano. Me concentré tanto con una película de John Wayne que me olvidé del tiempo. Eran las 5:30 p.m. cuando me acordé. Corrí al taller, conseguí el auto y me apuré hasta donde mi padre me estaba esperando. Eran casi las 6:00 p.m. Me preguntó con ansiedad: "¿Por qué llegas tarde?". Me sentía mal por eso y no le podía decir que estaba viendo una película de John Wayne. Le contesté que el auto no estaba listo y tuve que esperar... Esto lo dije sin saber que mi padre ya había llamado al taller. Cuando se dio cuenta que había mentido, me dijo: "Algo no anda bien en la manera que te he criado: que no te ha dado la confianza de decirme la verdad. Vaya reflexionar qué es lo que hice mal contigo. Vaya caminar las18 millas (unos 27 kilómetros) a la casa y pensar sobre esto”. Así que vestido con su traje y sus zapatos elegantes, empezó a caminar hasta la casa por caminos de tierra, sin iluminación. No lo podía dejar solo... así que yo manejé 5 horas y media detrás de él... viendo a mi padre sufrir la agonía de una mentira estúpida que yo había dicho. Decidí desde ahí que nunca más iba a mentir.