24 febrero 2012

Luz en el camino

Había una vez, hace muchos años, en un pueblo de oriente, un señor que una noche caminaba por las calles oscuras llevando una lámpara encendida. El pueblo era muy oscuro en las noches sin luna como la de esa vez. En cierto momento, se encuentra con un amigo. El amilo lo mira y de pronto lo reconoce. Se da cuenta que es el ciego del pueblo.
Entonces, le dice: -¿Qué haces con una lámpara en la mano si eres ciego?... Entonces el ciego le responde: - Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Yo conozco la oscuridad de las calles de memoria. Llevo la luz para que otros encuentren su sendero cuando me vean a mí… La llevo para que otros puedan servirse de ella. Cada uno de nosotros puede alumbrar el camino a cada uno y para que sea visto por otros, aunque uno aparentemente no lo necesite. Alumbrar el camino de los otros no es nada fácil. Muchas veces, en vez de iluminar, oscurecemos mucho mas ese camino.
¡Qué hermoso sería sí todos ilumináramos los caminos de los demás!