16 febrero 2012

Tu valor no cambia

Un orador inició su seminario mostrando al auditorio un billete de 20 dólares. Dirigiéndose a los 200 espectadores preguntó: "¿Quién quiere este billete?". Muchas manos se levantaron. Luego dijo: "Se lo voy a dar alguno de ustedes, pero primero permítanme hacerle esto...", y lo hizo bolita dejándolo todo arrugado. Entonces insistió: "¿Quién todavía lo quiere?". Las manos volvieron a subir. "Bien. -dijo- ¿Y si le hago esto...?". Y lo dejó caer al suelo y lo empezó a pisar. Al recogerlo lo mostró al auditorio. Así, todo arrugado y sucio, preguntó: "Y así, ¿todavía lo quieren?". Las manos se mantuvieron arriba. "Amigos, han aprendido una lección muy valiosa: No importa todo lo que le haya hecho al billete, ustedes de cualquier manera lo quieren porque su valor no ha disminuido. Sigue valiendo los mismos 20 dólares. Muchas veces en nuestras vidas caemos, nos arrugamos, o nos revolcamos en la tierra por las decisiones que tomamos y por las circunstancias que nos rodean. Llegamos a sentir que no valemos nada. Pero no importa lo que hayamos pasado o cuanto pueda ocurrirnos, nunca perdemos el valor que tenemos ante los ojos de Dios. Sucios o limpios, abatidos o finamente alineados, para Él somos invaluables. El salmo 17, verso 8, dice que Dios nos tiene como la niña de sus ojos”‘. El valor de nuestras vidas no procede de quiénes somos o de lo que hacemos, sino de a QUIEN pertenecemos.