23 marzo 2012

Los agricultores

Había una vez dos hermanos que se querían con toda el alma. Ambos eran agricultores. Uno se casó y el otro permanecía soltero. Decidieron seguir repartiendo toda su cosecha a medias. Una noche el soltero soñó: ¡no es justo! Mi hermano tiene mujer e hijos y recibe la misma proporción de cosecha que yo que estoy solo. Iré por las noches a su montón de trigo y le añadiré varios sacos sin que él se dé cuenta. A su vez el hermano casado soñó también una noche: ¡no es justo! Yo tengo mujer e hijo y mi futuro estará con ellos asegurado. A mi hermano, que está solo, ¿Quién lo ayudara? Iré por las noches a su montón de trigo y le añadiré varios sacos sin que él se dé cuenta. Así lo hicieron ambos hermanos.   Y ¡oh sorpresa! Ambos se encontraron en el camino, una misma noche, portando sacos de uno para el otro. Se miraron, comprendieron lo que pasaba y se abrazaron con un abrazo de hermano, aun más fuerte y para siempre.
A veces, es necesario hacer un alto en nuestra vida y revalorar las bendiciones que tenemos al contar con un hermano; es esencial como cristianos, amarnos como tales. No podemos dar testimonio de nosotros. El señor nos pide caridad y entrega. Hoy es un buen día para empezar.